La escuela no es un lugar
School is not a place

Prof. Yanina Posada

Apenas habían pasado tres días del inicio de este ciclo lectivo en el nivel secundario cuando el 16 de marzo se cerraron las escuelas en todo el país. Todavía resonaban los ecos del acto del primer día y las lecturas de listas y acuerdos. Ese domingo 15 por la tarde se confirmó el rumor de una posible cuarentena nacional y algo sin precedentes tuvo lugar, como si de atravesar un portal a otra dimensión se tratara, la escuela cambió la presencialidad por las pantallas, para seguir la tarea en tiempos de pandemia.

Nos mudamos a aulas virtuales, y nuevos protocolos de comunicación e interacción entre todos los que formamos la comunidad educativa se pusieron en práctica; en nuestra sociedad y en muchos otros países simultáneamente. De un momento para el otro, a partir del decreto de aislamiento preventivo y obligatorio, la frase "La escuela no es un lugar" se hizo más palpable que nunca. De pronto la escuela se expandió y fue miles de hogares, dispositivos de todo tipo, mensajes en las plataformas disponibles, radio, televisión y teléfono. Clases compartidas con personas en otro lugar del mundo y otro uso horario, que se concretan via Internet. La escuela es un grupo de personas, sus objetivos, sueños, intereses, compromisos, acciones; en una palabra comunidad. La escuela es querer aprender y querer enseñar, y como nunca esa esencia está intacta.

Nuestro Colegio San Agustín cuenta desde hace algunos años con la Plataforma Santillana y el uso de tecnología en el aula, lo que nos facilitó la transición hacia esta realidad antes apenas vislumbrada y hoy vivida en todo su potencial. Estamos aprendiendo todos, y enseñando todos; hay generosidad, comprensión y contención entre todos los que nos encontramos enfrentando este desafío. También hay frustración y desigualdad, en lo tecnológico, en los recursos, en los espacios. Esta escuela en cuarentena no es perfecta, como tampoco lo es la presencial. Hay momentos de ansiedad, de angustia y otros de alegría y confianza, que siempre podemos compartir con alguien que está pasando por lo mismo.

Estamos aprendiendo mucho; a ser más proactivos, a comunicar mejor, a pedir y brindar ayuda, a ser más creativos en la resolución de múltiples problemas, muchos de ellos nunca experimentados, a conocernos mejor, a administrar nuestro tiempo más efectivamente y aceptar las consecuencias de nuestras elecciones, a tener paciencia (con nosotros mismos, con los demás, con las circunstancias), a ser generosos con tiempo y saberes, a ser humildes al pedir ayuda o perdón cuando nos equivocamos. 

Nuestras clases se comparten en el canal de YouTube

Estamos viviendo, asimismo, un momento histórico y caminando territorios desconocidos, haciendo huella para lo que será la nueva escuela. No caminamos solos, en este salto de Fe, confiamos a Dios Padre nuestro esfuerzo y damos todo lo que tenemos con mucho amor, para recibir lo que necesitamos.

Cuando volvamos al aula, algo que sucederá eventualmente, estaremos todos mejor preparados para este siglo XXI en el que el objetivo de la escuela es formar a personas que aprendan a aprender, a trabajar en equipo resolviendo problemas creativamente, comunicándose efectivamente y pensando críticamente con compromiso y responsabilidad.

San Agustín nos dice: «Malos tiempos, tiempos fatigosos» -así dicen los hombres-. Vivamos bien, y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; como somos nosotros, así son los tiempos. 

Bad times. Hard times. This is what people keep saying. But let us live well, and times shall be good. We are the times. Such as we are, such are the times.

La escuela refleja y forma sociedades. Aceptamos este desafío para que este momento difícil se transforme en una gran oportunidad de crecimiento para todos.